
— ¿Y cómo puede saberlo? El pobre imbecil estaba tan enamorado que no podía ver más allá de su nariz.
— ¿Hiciste tu parte? —preguntó mirándola a los ojos sobre la humeante taza de café— No quiero trabajar doble.
—Claro que sí; la semana pasada conoció a una mujer increíble, cariñosa y lo más importante: que le corresponde. Tuve mucho cuidado con eso; últimamente no he tenido mucho trabajo; no como tú, por lo menos.
—Créeme que yo más que nadie desearía tener un descanso, pero por tipas como esta tengo que trabajar horas extras. Una desgracia.
—Mira, hablando del Diablo —dijo mirando hacia la puerta, por donde una mujer entraba apresurada.
— ¿Lo ves? ¿Ves su rostro? Es esa mirada, esa mirada de hastío, prisa y desdén es lo que me enerva. Viene apurada a decirle que no quiere verlo más. Y ni siquiera le inventará una mentira decente; no le interesa ni le preocupa que sepa que está saliendo con otro —dijo entre dientes sorbiendo su café.
—No leí el informe completo, esas cosas me deprimen. ¿Qué es exactamente lo que te tiene tan molesta? El sabía en lo que se metía, ¿no?
—Claro, lo sabía y ese es su problema; no me corresponde a mí juzgar su estupidez. Estoy aquí únicamente por ella; y ni siquiera se debe a que lo haya usado y mantenido en un cruel estira y afloja No, eso es parte de su naturaleza y es inevitable. Estoy aquí sólo por una razón; la fiesta aquella con sus amigas en donde estuvo dos horas jactándose de que podía darse el lujo de escoger quien la amara. Incluso se refirió a este imbecil como su “respaldo en caso de emergencia”. Eso, en mi libro, es cruzar la línea.
—Supongo que tienes razón. ¿Qué sigue ahora?
—Bien, tú, con tu hokus pokus, encárgate de que el tarado este no dude ni reconsidere las cosas; refuerza o lo que sea que hagas lo que tiene con aquella que conoció. Yo me encargo de lo demás —dijo bajando la taza y mirando directamente hacia la mesa del rincón.
La pareja estaba sentada frente a frente; él se veía oprimido, abrumado, pero también decidido mientras hablaba. Ella lo miraba condescendientemente con una mueca burlona en la cara, sabiendo, no, creyendo que aún podría controlarlo si se lo proponía. El calló y puso las manos sobre la mesa, esperando.
—Obsérvala muy bien —dijo con una sonrisa de satisfacción—, esta es la única parte que me agrada. Ella está a punto de sonreír burlonamente y despedirse, observa… ¡Ahora!
En la mesa del rincón, el rostro de la mujer cambio imperceptiblemente; pasó del hastío a la incredulidad y por ultimo, adquirió una luminosidad sorprendida; era el vivo rostro de una epifanía. El mágico momento cuando uno se da cuenta y entiende lo que es el amor.
—Listo, vámonos.
— ¿Ya? ¿Eso es todo? ¿No quieres ver lo que va a pasar?
—No, ¿Para qué? Mi trabajo esta hecho; ahora ella se ha dado cuenta repentinamente que él es el amor de su vida, su otra mitad, la felicidad personificada, blablabla, todas esas cosas. Ahora intentará convencerlo de lo mismo; siguen suplicas, promesas y cantidades industriales de lagrimas; lo usual. Y si hiciste bien tu parte, él ya no responderá a su amor y sólo pensara en la otra mujer y serán felices por los siglos de los siglos Amen. En cambio esta mujer sufrirá por él tal como él lo hizo por ella, hasta que tú decidas lo contrario. Lo cual, si aceptas una sugerencia, espero que no sea pronto.
—Realmente disfrutas la venganza, Némesis.
— “Venganza” es una palabra muy fuerte, Tiké; “retribución” me gusta más.



















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Srta. Pelo Irritante adolescente con complejo de Peter Pan. De calvita sexy y gracioso caminar. Aspirante a mimo. Ha usado el mismo par de zapatos en los últimos 7 años y sólo se baña los domingos .Dicen que es rara: lo es.


Yo soy Ella. Costeñita en el exilio. Alcohólica en proceso con la habilidad para permanecer dormida largas horas ininterrumpidas. Con tendencia a caer y accidentarse. Los internets la odian y ella odia el aguacate.
Falso Profeta.


